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Una alimentación correcta, variada y completa, permite por un lado que nuestro cuerpo funcione con normalidad (que cubra nuestras necesidades biológicas básicas -necesitamos comer para poder vivir-) y por otro, previene o al menos reduce el riesgo de padecer ciertas alteraciones o enfermedades a corto y largo plazo.

Hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, trastornos de la conducta alimentaria e incluso ciertos tipos de cáncer se relacionan con una alimentación desequilibrada. No es, normalmente, una relación directa de causa-efecto, pero sí supone uno de los factores que contribuye a aumentar el riesgo de aparición y desarrollo de dichas enfermedades.

Aquí van algunos consejos a tener en cuenta para lograr una alimentación saludable.

  • Incluir gran variedad de alimentos, pero no en grandes cantidades.
  • Variar al máximo el tipo de alimentos dentro de cada grupo (distintas verduras, frutas, pescado blanco-azul, etc).
  • Respetar los horarios de comidas y no saltarse ninguna. Distribuir la alimentación en tres comidas principales (desayuno, almuerzo y cena) e incluir alguna colación a media mañana o como merienda, adaptando según horarios y necesidades particulares.
  • Moderar el consumo de grasas de origen animal (grasas saturadas que tienden a aumentar el colesterol). Limitar el consumo de fiambres, embutidos y patés.
  • Escoger preferiblemente con mayor frecuencia las carnes más magras: pollo, pavo, conejo, ternera magra, cinta de lomo de cerdo, eliminar la grasa visible de carnes y aves antes de su cocinado  y desgrasar los caldos en frío antes de emplearlos en la elaboración de sopas, etc.
  • Son más adecuadas, en general, las técnicas culinarias que menos grasa aportan a los alimentos: al agua (cocido o hervido, vapor, escalfado), rehogado, plancha, horno y papillote. Consumir moderadamente fritos, rebozados, empanados, guisos y estofados (desgrasar en frío mejora su conservación y su calidad nutricional). Para que la comida resulte más apetitosa se pueden emplear condimentos como hierbas aromáticas o especias.
  • Se recomienda especialmente el aceite de oliva pero también son interesantes otros aceites de semillas: girasol, maíz, soja (todos ellos, con grasas insaturadas cardioprotectoras). No mezclar aceite de oliva con los de semillas, desechar el aceite quemado que humea y, en general, no utilizar el mismo aceite para freír más de tres veces. Manteca y margarina, mejor en crudo.
  • Si se toman más de 2 vasos de leche entera o equivalente al día, se recomienda que la cantidad extra sea en forma de otros lácteos bajos en grasa.
  • Comer, al menos, con igual frecuencia semanal, pescado (blanco y azul) y carne.
  • Tomar, cuando menos, dos piezas diarias de fruta al día, procurando incluir algún cítrico (naranja, limón, mandarina…)
  • Incluir diariamente verduras, una en forma cruda (ensaladas)
  • Legumbres, pastas alimenticias y arroz: entre dos y cuatro veces por semana
  • Incluir cada día cantidad suficiente de cereales como el pan.
  • Limitar el consumo de alimentos muy azucarados y de sal.
  • Beber litro y medio de agua al día, como mínimo.

Fuente: Consumer

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