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Francisco: El Papa de la esperanza

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El mundo entero habla y mira hacia Argentina. Y no es por casualidad, es histórico en la iglesia Católica que hayan nombrado a un papa sudamericano. A Francisco, el papa argentino, lo “vinieron a buscar al fin del mundo”.

Signos de un Papa comprometido con los mas necesitados, cerca de la gente y de la realidad.

Dijo que le gustaría “una Iglesia pobre y para los pobres”. Estas declaraciones y otros gestos significativos, han dejado en claro que es su intención introducir un nuevo estilo en la Iglesia Católica. Lo que le otorga especial credibilidad, es la incuestionable coherencia entre la prédica y la conducta observada a lo largo de su dilatada y austera vida.

El flamante pontífice siempre se destacó por su austeridad. Pese a ser el primero en la jerarquía eclesiástica argentina, nunca vivió en la elegante mansión arzobispal en Buenos Aires y prefirió una cama sencilla en un cuarto céntrico calentado por una pequeña estufa en invierno. Durante años se movilizó en transporte público por la ciudad y se preparó sus propias comidas.

Jesuita de origen, siempre ha sido un hombre modesto, austero, profundo y que gustaba de caminar solo por las calles, ir a las villas, compartir una vez al mes la misa con los más excluidos de Buenos Aires, caminar la Villa 31 y hacerlo todo sin buscar repercusión mediática.

Desde las primeras salidas y los primeros discursos, ha ido acostumbrando a todos a un estilo simple, amable y con actitudes inesperadas.

Sale en un vehículo descubierto y se confunde entre la multitud de San Pedro, donde saluda a los fieles.

Presentándose como un humilde servidor de Dios, el mensaje del papa está en línea con las enseñanzas de San Francisco de Asís, por quien tomó su nombre y quien es un símbolo de pobreza, sencillez, caridad y amor por la naturaleza. Pidió en varias oportunidades que rezaran por él.

El papa Francisco dijo:

“No deben tener miedo de la bondad, ni tampoco de la ternura. El verdadero poder es el servicio. Se necesita cuidar a la gente, cuidar de cada persona con amor, especialmente a los niños, a los ancianos, a todos los que son frágiles y que frecuentemente están alejados de nuestro corazón”

“Por favor, quisiera hacer una invitación a todos quienes ocupan un rol de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, seamos custodios de la creación, del diseño de Dios inscrito en la naturaleza, custodios del ambiente y no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de nuestro mundo, pero para cuidarlo, necesitamos cuidarnos a nosotros mismos”

“Custodiar quiere decir vigilar nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque es justo de ahí que salen las buenas o malas intenciones, las que construyen y las que destruyen. No tenemos que tener miedo de la bondad ni de la ternura”.

La ternura no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor.

“El ministerio del obispo de Roma comporta también un poder, pero el verdadero poder es el servicio y también el Papa para ejercitar el poder debe mirar al servicio humilde de José, mirar con afecto y ternura a la entera humanidad, especialmente a los más pobres, a los más débiles y a los más pequeños”.

“También hoy tenemos necesidad de ver la luz de la esperanza y de dar nosotros mismos esperanza… Odio, envidia, soberbia ensucian la vida, no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este nuestro mundo”.

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